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El Treinta y Cuarenta
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El treinta y cuarenta es un juego que se realiza con seis mazos de cartas francesas (además de unas cartas en blanco que sirven sólo para la manipulación, como por ejemplo cuando el empleado coge una cierta cantidad de naipes y cubre el último con una carta en blanco para cortar al principio de la partida, etc.), que suman 312 cartas útiles.
El valor de cada carta es el normal; todas las figuras valen 10.
Después de que las cartas hayan sido mezcladas y el mazo haya sido cortado por uno de los jugadores presentes, se anulan algunas, cinco o seis, según la costumbre de cada casino. Ésta es una precaución que sirve para impedir que algún jugador, tachando en una planilla especial las cartas que van saliendo en cada jugada, pueda estar en condiciones de conocer las cartas que quedan para las dos o tres últimas jugadas y así aprovecharse de ello.
La mesa en la que se hacen las apuestas es la que está representada en la página siguiente.
El juego se desarrolla sobre cuatro suertes simples contrapuestas dos a dos: negro y rojo, color e inverso, espacios que están claramente indicados en la figura. Las apuestas se realizan colocando las fichas en los respectivos lugares. Las líneas trazadas en el interior de cada campo sirven para dejar las puestas en la cárcel, como sucede en las suertes simples de la ruleta.

El empleado, después del «¡No va más!» ritual, comienza a descubrir las cartas, disponiéndolas, una por vez, en una primera fila que vale para el color negro.
Supongamos que saque un caballo, un tres, un nueve, un as y un ocho. Estas cartas suman 31. Como se ha superado el treinta, se planta y pasa a descubrir una segunda fila de cartas que vale para el rojo.
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